Madremonte

Los campesinos describen a la Madremonte de diferentes formas: A veces aparece como una mujer musgosa y putrefacta, enraizada en los pantanos, que vive en los nacimientos de los riachuelos y cerca de grandes piedras. Generalmente aparece en zonas de marañas y maniguas, con árboles frondosos y en regiones selváticas.
Algunos la describen con ojos brotados como de candela, colmillos grandes como los de los sainos, manos largas y una impresionante expresión de furia. Anda vestida siempre con chamizos, hojas y bejucos. A veces aparece en los rastrojos convertida en una zarza tupida en movimiento que observa con rabia a los humanos que pasan por la selva o los montes.
La Madremonte ataca cuando hay grandes tempestades, vientos, inundaciones y borrascas que acaban con los sembrados, las cosechas y los ganados. Los campesinos cuentan que oyen sus bramidos y gritos infernales en noches tempestuosas y oscuras. A veces escuchan un quejido agudo, profundo y penetrante, el cual se expande misteriosamente en la manigua, en medio de los truenos, rayos y centellas. Algunos campesinos creen que las inundaciones y borrascas de los ríos se deben a que la Madremonte se está bañando en el nacimiento de las quebradas y por este motivo las aguas se enturbian.
Las múltiples descripciones encontradas muestran la riqueza fantástica con que pintan a este legendario ser que tiene una relación con el espíritu ecológico de los habitantes de los campos, cuando aún no se había despertado su afán desmedido de acabar con la selva para convertirla en inmensos caturrales o cultivos de pasto, donde los árboles dejaron de iluminar el paisaje con la soberbia de sus follajes reverdecidos.
El Patetarro

Hombre de descomunal tamaño, terriblemente feo, sucio y desgreñado. Vive en los montes, le falta una pierna de la rodilla para abajo y él la ha reemplazado con un tarro de guadua, tarro que a la vez le sirve de letrina. Cuando está lleno de inmundicias lo derrama en algún sembrado y allí nacen gusaneras y plagas, las cosechas se malogran y los daños son incontables.
Su presencia por los campos es pestilente y se considera como anuncio de calamidad, muerte e inundaciones. Según las regiones aparece como deidad masculina o femenina. Sus gritos macabros o sus carcajadas histéricas son escuchadas en los socavones de las minas y en las hondonadas de los riachuelos, sobre todo en las noches lluviosas oscuras y tenebrosas. Su presencia es anunciada con el aullido de los perros, el movimiento de los árboles huracanados y el rozar intenso de la hojarasca. El patetarro predice inundaciones, crecidas de los ríos, devastación de las cosechas y símbolo de malos presagios.
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